Tormenta de noche sobre Culiacán. De día la tormenta la ponemos nosotros.

Tormenta de noche sobre Culiacán. De día la tormenta la ponemos nosotros.
De día, la tormenta la ponemos nosotros.

lunes, 11 de febrero de 2008

Años de escuela. Tercero de primaria

No obstante que el país estaba oficialmente en guerra contra el Eje, muchos mexicanos continuaban siendo partidarios del Eje: Alemania, Japón e Italia. En la acera de enfrente de mi casa se editaba el periódico “La Opinión” que dirigía don Amado Zazueta Villa. Rehúsa creer la propaganda de los Aliados y mientras que la prensa y la radio nacionales repiten las consignas de los EE.UU. “La Opinión” ofrece noticias de Radio Berlín. El gobierno le recrimina su actitud pero el periodista exige le respeten su libertad de criterio y de prensa. El gobierno le niega tinta y papel pero don Amado se las ingenia para conseguir provisiones clandestinas para seguir apareciendo como diario independiente. El gobierno le acosa, le amenaza, le boicotea hasta que por fin le cierran el periódico. Mis queridos vecinos, María Teresa, Amado y José Ernesto, así como toda su familia viven este terrible proceso.
El gobierno decide internar en campos de concentración a los extranjeros de origen alemán, italiano y japonés. Ya imaginarán las raterías y extorsiones a que se prestó esta decisión. Hay historias sin fin al respecto.
La Guerra empezó a ir mal para las fuerzas del Eje. En octubre de 1942, Rommel es derrotado en El Alamein, esta batalla marca el fin del África Korps y la salida de los alemanes de África. Para fines de diciembre, en el frente ruso; al norte, el sitiado Leningrado no puede ser tomado; al centro, se empantana la ofensiva sobre Moscú; y al sur, los alemanes sufren la terrible derrota de Stalingrado. Están muy lejos de ser vencidos porque todavía ocupan Francia, Bélgica, Holanda, Noruega, Austria, Hungría, Checoeslovaquia, Rumania, Bulgaria, Yugoslavia y Grecia pero los Aliados firman el pacto de Casablanca comprometiéndose a no aceptar sino la rendición incondicional de Hitler. No habría negociación alguna con el Eje hasta su derrota total.
La escuela se vuelve difícil. Ya no sólo multiplicaremos y dividiremos, como en segundo, sino que tenemos que razonar aplicando la regla de tres simple.
En el Pacífico, los aviones Cero japoneses seguían siendo mejores que los cazas americanos hasta que la industria de EE.UU. logra modificar exitosamente el “Hellcat” que para 1943 ya es mejor que la Albóndiga como llamaban los pilotos americanos al Cero japonés, por el emblema del sol rojo pintado en sus costados. Seguirían el Corsair y después la maravilla de los aviones de hélice, el Mustang, que ya ni mandaron al Pacífico, por considerar esa guerra ganada, sino lo usaron de escolta de los aviones que bombardeaban Alemania. Sin portaviones modernos, hundidos en Midway en junio de 1942, con las industria enemiga produciendo millares de aviones y toneladas de armamento, Japón estaba perdido. Ocupaban, sin embargo, las islas del Pacífico desde Japón hasta medio Océano y contaban con portaviones aunque viejos o adaptados de cascos de acorados y con cruceros, destructores y transportes de tropa. Sin embargo empiezan a ser desalojados de las islas alejadas de Japón. Se ven forzados a desocupar las Marshall, las Marianas, las Gilbert y las Carolinas.
La maquinaria de guerra japonesa y la determinación de sus tropas hacían de Japón una verdadera potencia bélica. Que eventualmente perderían era seguro pero faltaba derrotarlos. Japón seguía ganado batallas importantes. En agosto hunden 4 cruceros y un destructor de EE.UU., en septiembre un portaviones, en octubre otro portaviones y en noviembre otro más. Siguen aislados éxitos de la marina japonesa pero los americanos reponían en un instante el equipo y los hombres pedidos mientras que Japón sufría para construir nuevas armas y cuando perdía pilotos experimentados tenía que entrenar los cadetes que los sustituirían con aviones simulados sin siquiera combustible para adiestrarlos debidamente. Para diciembre tienen que dejar Guadalcanal y de allí en adelante empiezan a contraer su imperio.
La novedad sensacional en el vecindario de Ángel Flores, entre Morelos y Donato Guerra, era que convivíamos con la familia de Pedro Infante. Desde 1939, Pedro había filmado algunos cortos y aparecido como actor de reparto en películas como: “La razón de la culpa” y “La feria de las flores” y como protagonista principal en “Jesusita en Chihuahua” y en “Mexicanos al grito de guerra”. De estas dos últimas películas recuerdo los cartelones, adosados a los postes del alumbrado público, que las anunciaban. Doña Rosario Infante, esposa de don Guillermo López Castro orgullosamente decía: Pedro, mi hermano, nos va visitar y voy a invitar a las amigas del barrio para que lo conozcan: Pedro, mi hermano, esto o Pedro, mi hermano, aquello.
No obstante que ya habían pasado las películas anteriormente citadas, la primera que yo vi fue: “El ametralladora”. Fausto López Infante convido a los amigos para ir a verla diciéndonos: – Mi tío Pedro me dijo que hizo una película de aventuras que nos va a gustar.
Años después, cuando Pedro ya volaba su propio avión, efectivamente vino en varias veces a Culiacán y doña Chayo se retrató con él acompañada de sus amigas. También, en una ocasión, dio una vuelta en su avión a varios amigos de Fausto.
Una virtud de Pedro Infante raramente se menciona, no obstante las toneladas de tinta vertidas sobre su vida. Aunque siempre se menciona su simpatía, encanto y generosidad y algunas veces el hecho de que nunca perdió a sus amistades de juventud; a mí me impresiona haber escuchado a su sobrino Guillermo López Infante, Gulliver, decir que su tío Pedro tomaba lecciones de dicción y de otras disciplinas. Dice mucho de su persona esta disposición, del cantante y actor más popular de México, de seguir aprendiendo música, actuación y pronunciación.
Durante este verano nació mi preciosa hermana Silvina. Pequeña, sonriente y alegre, sigue siendo juvenil y encantadoramente optimista.